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8 de octubre de 2017

La posiblidad de cambiar el destino a través de la ficción en "La noche boca arriba" de Cortázar y "El Sur" de Borges.

“La noche boca arriba” de Julio Cortázar y “El Sur” de Jorge Luis Borges son dos relatos similares que, utilizando diferentes recursos, toman mundos completamente diferentes para fusionarlos en función al cambio del destino.
En primer lugar, ambos textos presentan a un personaje y a su otro. En el caso de Cortázar, hay un hombre moderno, en un mundo de motocicletas, luces y comercios, que sufre un accidente y despierta en un hospital, donde, mediante sueños, que son cada vez menos sueños, conoce a su doble moteca, durante las guerras floridas precolombinas. El pasaje de un mundo a otro se da a través de estos sueños que van volviéndose cada vez más reales, más tangibles, con la presencia de olores, sonidos, sensaciones.
En el caso de “El Sur”, se presenta a un hombre que en 1939 sufre una septicemia que lo lleva, de a poco, a alejarse de la realidad de su época, adentrándose cada vez más en el pasado a medida que se va acercando al sur, más específicamente a fines del siglo XVIII. Borges utiliza, al igual que Cortázar, las imágenes sensoriales, pero hace hincapié en los pequeños detalles que diferencian las épocas. Por ejemplo, el coche de plaza que lleva a Dahlmann a Constitución en pleno siglo XX, cuando ya existían los automóviles, o las frases ambiguas, que parecen no tener que ver a simple vista, pero tienen un gran significado a la hora del análisis:
"[...] y era como si a un tiempo fuera dos hombres [...]"

En segundo lugar, la focalización en tercera persona en “La noche boca arriba” no nos permite saber más que lo que sabe el personaje, por lo tanto, genera en el lector una sensación de ambigüedad y de mezcla entre ambos mundos, que a medida que el texto avanza, se va esclareciendo, al igual que los sueños del personaje. En el otro relato, sucede lo contrario: en vez de desenmarañarse a medida que avanza, la frase del final no nos permite dejar el cuento seguros de los hechos que acabamos de leer, ya que utiliza los tiempos verbales como herramienta principal:
"[...] si él, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, ésta es la muerte que hubiera elegido o soñado. Dahlmann empuña con firmeza el cuchillo[...]"

Esto deja al lector con una sensación de enigma distinta a la que genera Cortázar, ya que, ni siquiera finalizado el texto tenemos una respuesta certera de lo que leímos. Nos quedamos con esta paradoja y los diferentes destinos que pudo haber tenido Dahlmann.
            Por último, ambos autores utilizan los mismos procedimientos: las analogías, como la del final de “La noche boca arriba” entre el mundo del moteca y el del hombre del sanatorio, y las imágenes sensoriales que están presentes constantemente en ambos relatos. Sin embargo, mientras que Cortázar se queda en esos dos recursos, Borges utiliza todos los que puede, enriqueciendo el texto y los debates filosóficos sobre el tiempo y la muerte que nos genera la narración. Los anacronismos que presenta al describir una ciudad más antigua al año en el que tiene el accidente y los intertextos, relacionados con su linaje germánico, en el caso de la traducción alemana de Las mil y una noches, y su linaje criollo, en el caso del Martín Fierro, van situando a la historia en los diferentes tiempos y lugares, y dejan ciertas pistas para el descubrimiento de la trama.
En definitiva, ambos relatos pueden parecer muy similares pero mientras que “La noche boca arriba” es, quizá, más lineal y simple, Borges refleja mucho de sí mismo en “El Sur”, lo personaliza y complejiza con pequeñas piezas que de a poco van encastrando, pero al final nos encontramos con que no existe la certeza absoluta que intentábamos encontrar. Los dos personajes, el motociclista y Dahlmann, cambian su destino, sus accidentes, por otros completamente diferentes.

1 comentario:

  1. Muy bien, Chiara. Tu trabajo es excelente: Tenés un lenguaje impecable y ahora el análisis está más completo.

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