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3 de julio de 2017

La relación entre el pueblo de Güllen y Alfred Ill, en La Visita de la Vieja Dama.

El grotesco aparece en el teatro durante el Romanticismo. Mezcla la comedia y la tragedia, influenciado por el contexto en el que surge: guerras, cultura de consumo y el encuentro del hombre con su mortalidad, relacionado con la desaparición de Dios. No comparte los valores de la tragedia griega. Sin embargo, sí comparten rasgos de su estructura y ciertas características de los personajes.
A lo largo de este ensayo, se analizará la obra La Visita de la Vieja Dama de Friedrich Dürrenmatt. Más concretamente, la relación del personaje Alfred Ill con el pueblo de Güllen.
En primer lugar, al comienzo de la obra, Alfred Ill es el ciudadano más prometedor del pueblo, quien, mediante su relación de amistad en la adolescencia con Klara, va a sacar a Güllen de la miseria, convenciendo a la millonaria para que invierta y ayude a su pueblo natal. Además, será el próximo alcalde de la localidad, debido a su popularidad y cercanía con la gente:
Alcalde: “Mi estimado Ill, hace tiempo que es usted la personas más popular de Güllen […] Acordamos proponerlo a usted como mi sucesor”.

Ill es venerado de la misma manera que el héroe griego clásico: él salvará a los ciudadanos del mal o problema que atraviesan. A su vez, los habitantes de Güllen se identifican con él, se ven en él. En el primer acto, otra de las similitudes con el teatro griego es la utilización de la máscara social, la cual, a diferencia de Klara, Ill utiliza frente al pueblo, que funciona como coro.
En segundo lugar, cuando se conoce el error cometido por Ill y la oferta de Klara, el pueblo, al comienzo, está a favor suyo y califica el deseo de venganza de ella como pagano. No obstante, luego comienzan a contradecirse con sus actos, demostrando que la defensa a Ill es una máscara social, devenida en grotesco, para ocultar la verdadera miseria que Güllen atraviesa:
Ill: “¿Cómo habéis podido comprarlos? […] ¿Cómo es que de pronto tenéis crédito en las tiendas? […] ¿Con qué pensáis pagar?”

También, el cambio brusco en el pensamiento del pueblo se relaciona con la oposición individuo-masa: ninguno se puso a pensar en la vida de Ill, ya que, sin expresarlo, todos saben que alguien lo matará tarde o temprano y ellos podrán pagar lo que deben. Al final del segundo acto, en el que Ill lucha frente a su destino, esta oposición suya con el pueblo se da literalmente en la estación de tren: mientras él quiere huir, los güllenses lo detienen.
Por último, Ill reconoce su error y acepta su destino. Al igual que el héroe griego, emprende un camino de aceptación a lo largo de la obra:
Ill: “[…] Ahora ustedes tienen que ser mis jueces. Me someteré a vuestra sentencia, sea cual sea […]”.

A pesar de esto, él quiere que el pueblo cumpla su parte. Es decir, no acepta que debe morir, sino que el pueblo lo mate. Ill desea que Güllen acepte su destino también y lo condene a cambio de la cifra millonaria de Klara, quiere que el pueblo acepte su miseria moral a cambio de la futura estabilidad económica.
En definitiva, el grotesco comparte características con el teatro griego. Una de ellas, la que más se ve a lo largo de la obra, es la de la máscara social y relacionada a ella la incapacidad de aceptar los propios pensamientos y decisiones. Asimismo, la oposición masa-individuo se refleja en la relación entre Ill y Güllen. Se diferencia el deseo del pueblo, oculto por la máscara, y la vida de Ill, que se minimiza durante toda la obra, como si no compartiera la condición de ser humano. Finalmente, el pueblo e Ill aceptan sus destinos pero continúan utilizando la máscara frente a los periodistas.

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