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17 de mayo de 2014

La historia de mi verdadero amor.

Los otoños de San Francisco no eran fáciles de transitar. Ese día debía encontrarme con Dorothea Lange, la fotógrafa que había llamado días atrás, en su estudio. Debo admitir que su trabajo era fabuloso, realmente. Recuerdo que había mucha gente en las calles porque estaban en planes de construir un nuevo puente, el cual parecía, iba a ser muy grande y alto.
Caminé muchísimo. Hasta que, finalmente, encontré el estudio de Dorothea. Al entrar, ella estaba preparando café:
– ¡Buenos días! Soy Paul Schuster Taylor. Usted debe ser Dorothea Lange – dije.
– Hola, buenos días– saludó. –Pase al estudio– dijo señalándome una pequeña habitación con paredes plagadas de rostros humanos enmarcados, los cuales supuse eran sus obras.
En ningún momento pude dejar de mirar a esa mujer. ¡Qué hermosa era! Tenía el cabello corto, se vestía de una manera muy particular y sus ojos brillaban más que todas las estrellas. Y por cierto, ¡preparaba un muy buen café!
Recuerdo que estuve tres largas horas allí. Hablamos sobre sus obras, dije que la admiraba, al menos, unas cinco veces y pensamos en preparar un proyecto en conjunto. En él, ella se encargaría de la parte artística con sus hermosos retratos y yo, de la parte estadística y de las entrevistas, ya que lo artístico no es para mí.
De esas horas, derivaron muchos llamados y encuentros en los cuales íbamos afianzando nuestra amistad.
Luego de unos meses, el proyecto se suspendió debido a la necesidad de Dorothea de retratar lo que pasaba en ese momento en San Francisco, y nació así, otro proyecto en conjunto: se iba a tratar de un documental sobre la pobreza y la explotación de los trabajadores. Este plan iba a ser uno de los más duraderos de mi carrera: 6 años.
En todos esos meses, la había extrañado muchísimo. Habíamos entablado una hermosa amistad. Ella estaba casada con un notable pintor y tenía dos hijos con él. La verdad es que, jamás pude creer lo que esa mujer causó en mí.
Finalmente, después de mucho pensarlo, mi corazón fue más fuerte que la amistad y le dije todo lo que pensaba. Confesó algo que jamás creí que iba a pasar: a Dorothea le pasaba exactamente lo mismo. Así que decidió dejar a su esposo. Todo pasó tan rápido que tardé muchos meses en responder a este cambio tan fundamental en mi vida.
Hicimos unos bolsos y partimos en la increíble búsqueda de historias que contar y caras que revelar.

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