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24 de octubre de 2013

La Gran Búsqueda.

Los cuatro mensajeros, durante el tiempo de espera, se habían hecho muy amigos.
Como cada uno vivía en un país distinto, y muy lejanos unos de otros, debían separarse. Esa idea no les agradaba mucho, ya que se habían hecho muy buenos amigos.
Un día, los amigos se despertaron con una idea magnífica que había propuesto Pyernrajzark, el comerrocas: podían irse a vivir todos juntos a un mismo país.
Lo que les había parecido una genial idea al principio, ahora se derrumbaba. Los cuatro amigos se dieron cuenta de que todos tenían gustos diferentes y que era muy difícil decidir un lugar al cual ir a vivir. Además, cada uno quería volver a su país.
              ¿Y si buscamos un país que tenga todo lo que nos gusta a los cuatro? –dijo Blubb, el fuego fatuo.
              ¡Esa es una genial idea, Blubb! –opinó Vúschvusul, el silfo nocturno.
A Úckuck, el diminutense, pareció agradarle la idea, pero no había dicho ni una palabra.
Los cuatro amigos comenzaron la gran búsqueda. Cada uno había anotado en un papel lo que le parecía necesario en su próximo hogar: Úckuck, no pedía mucho, ya que, fácilmente, podía “moldearse  a los lugares, según él decía. Pyernrajzark quería un lugar con muchas montañas de piedra y que tuviera bellos paisajes. El fuego fatuo quería un amplio terreno para correr y divertirse juntos, y Vúschvusul quería también un amplio terreno para seguir entrenando a su murciélago.
Habían visto dos nombres que les agradaban: El país llamado “Maypures” y el otro, “Picaporte”. Maypures era un país amplio con todo tipo de relieves. Pero su cantidad de población era muy elevada así que iba a ser complicado encontrar un terreno amplio. Picaporte, en cambio, era un país que hacía poco había conseguido librarse del malvado, ambicioso, avaro e interesado rey Protasio y muy pocas personas sabían de su existencia. Los paisajes de Picaporte eran extraordinariamente delicados. Sus montañas eran altísimas y enormes, sus playas cristalinas y sus bosques espesos. En fin, era para ellos el lugar perfecto. Todos estaban contentísimos con la nueva casa en Picaporte.
Cuando todos llegaron a la nueva casa, quedaron impresionados por lo hermosa que era. La casa tenía una hermosa puerta de madera verde que llamaba muchísimo la atención. Dentro de ella, había unos muebles hechos de la misma madera y tallados a mano. Había dos amplios sillones con tapizado rojo en el centro del salón. Los cuatro amigos, aliviados, se sentaron en ellos. Aliviados, porque habían concluido con la gran búsqueda. 

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